La mañana del lunes veinticuatro se inició con un buen desayuno en el bonito comedor del hotel.
Coche y camino al siguiente destino: Salamanca. Por el camino nos desviamos un momento para asomarnos a Baños de Montemayor.
Impresiones, fotografía y deportes
La mañana del lunes veinticuatro se inició con un buen desayuno en el bonito comedor del hotel.
Coche y camino al siguiente destino: Salamanca. Por el camino nos desviamos un momento para asomarnos a Baños de Montemayor.
Mucho tiempo sin salir de vacaciones, la razón ya la conocéis todos mis amigos y lectores, no estaba preparado mi cuerpo para un gran esfuerzo como es estar una semana a tope haciendo todo lo que a uno le gusta; sobre todo recorrer más de dos mil quinientos kilómetros conduciendo de domingo a domingo.
Imposible resumir en una sola entrada, todas las experiencias y tantas fotos hechas con mi cámara, dejando el teléfono móvil para otras cosas. Salimos un domingo, de mañana, camino de Cáceres, era el único destino seguro que teníamos y el único hotel reservado; el resto del viaje ha sido improvisado de un día para otro.
Salimos temprano de mañana, dirección Sevilla, haciendo parada en una zona de servicio cercana a la capital hispalense, que se llama El Fantasma, donde paramos para tomar un copioso desayuno. Desde allí ya no pararíamos hasta Mérida. Aparcamos, casi de casualidad, enfrente del circo romano; ya había que entrar a ver de qué iba.
Por lo que leímos, alguno tuvo la ocurrencia de hacer pasar la carretera a Madrid por mitad del circo, por lo que quedaron destruidas parte de las gradas. La verdad es que queda poco de lo que aquello llegó a ser en sus buenos tiempos.
Recorrimos a pie la pista por donde, en su día, corrían las cuádrigas.
Cerca del lugar se encuentra parte de un acueducto romano del que solo se conservan tres pilares. El de la foto es el de San Lázaro, perteneciente al siglo XVI.
Salida para Cáceres, donde teníamos reservada una habitación en el Gran Hotel Don Manuel, cerca de la Plaza Mayor, donde hicimos un buen almuerzo en uno de los restaurantes ubicados en la misma plaza.
Aquí se aprecia la plaza al otro lado.
La calle Adarve de Santa Ana, a la altura del palacio Condes de Adanero.
Iglesia de San Mateo, en la plaza del mismo nombre.
Esta es una puerta lateral de la iglesia.
Fachada del convento de la Compañía de Jesús y estatua de San Jorge.
La Plaza de Santa María con un monumento a San Pedro de Alcántara, a la derecha.
Catedral de Santa María, ya de noche.
Zenia se la pasa haciendo vídeos y autorretratos que luego edita y pasa a Tik-Tok. Por si queréis seguirla, se llama Zenia la morena. Aquí la "cacé" en la puerta de la catedral.
Las calles del casco antiguo son estrechas y preciosas, como esta llamada Tiendas.
Después de darle una buena vuelta al casco histórico cacereño, cogimos el camino al hotel, porque había que descansar para continuar viaje a Salamanca al día siguiente.
Y la próxima será en Salamanca.
Me hubiese gustado que él hubiera estado aquí ...
Jueves, -oye, mañana vamos a tomar algo en la casa, venios y quedaos a dormir, que tenemos sitio libre; está bien, ahora estoy en el trabajo, se lo digo esta tarde a Zenia y te contesto de inmediato- Ya sabía yo la respuesta en casa, pero me gusta preguntarlo.
El viernes, después de una buena siesta, echamos unas cuantas cosas en dos mochilas y cogimos camino a Chilches, incluyendo una buena caravana de coches debido a un concierto que había en el Marenostrum de Fuengirola. Llegamos a casa de Miguelange y Montse a las nueve y medida de la noche, ya andaban por allí Emilio con su madre y su hijo, y Mavi. Aún quedaban por llegar Rafalange y Montse.
Las buenas conversaciones siempre están presentes en estas reuniones.
Nacho se une como uno más.
Miguelange había planificado que fuéramos él y yo a la mañana siguiente, temprano, a hacer unas fotos a un humedal que se encuentra en la desembocadura del río Vélez. La noche estuvo movidita, con terremoto y una tormenta eléctrica y fuertes lluvias. A la hora de levantarme, aún llovía, pero el cielo quería despejarse. Me levanté, cogí mi fiel Fuji y nos fuimos los dos amigos en busca de garzas, ánades y lo que se nos apareciera. La carretera ya tenía buen tráfico de ciclistas.
Llegaban los primeros bañistas, que se iban situando cerca de la orilla, delante de un mar en calma.
Miguel Ángel iba cargado con su telezoom 70-300, un buen objetivo para fotografía de fauna. Con las lluvias no estaban los invitados que esperábamos para ser inmortalizados.
Esta playa, casi solitaria, es un magnífico lugar para dar un paseo de mañana.
A falta de aves, pude fotografiar un campo de berenjenas, con el toro de Osborne al fondo.
Hora de disfrutar de playa con un mar en calma y de aguas transparentes. La flotabilidad es fácil cuando se sabe estirar el cuerpo en calma.
Una gaviota robó un pez y dio buena cuenta de él en la misma orilla.
Zenia y nuestros amigos gozando del mar.
No puede haber reportaje sin foto de la modelo de la casa posando.
Total, un día completo de fiesta.
Otra excursión de esas que surgen espontáneamente un domingo de mañana. ¿Y si vamos a Bolonia? Venga. Paramos a comprar pan, algo para meterle dentro y bebidas frescas. Antes miré la dirección del viento, por si hacía Levante, cambiar de destino; pero no, el viento era de Poniente. Pa´lante. Al llegar comprobamos que no fuimos los únicos a los que se nos había ocurrido ir allí.
Kilómetros de sombrillas plantadas en la arena, viento y muy pocos metidos en el agua transparente. Primera misión: plantar la sombrilla lo mejor posible, tarea importante y de suma dificultad.
Poco duró la estabilidad de la sombrilla, vamos, que la atrapé de milagro ya al vuelo, con forma de antena parabólica.
Después de plegar el arma arrojadiza, pudimos ya empezar a disfrutar del lugar y de sus vistas, entre ellas la famasa duna de Bolonia, detrás nuestra.
Este parte de océano, tan cercana al Estrecho, con el Poniente tiene un agua fría y clara, invita a contemplarla primero.
Había que bañarse, sí o sí, aunque aquí parezca que estamos huyendo del agua.
Poca gente sumergida y, a los que se atrevían, el océano les empujaba sin piedad.
Cuando nos hartamos de viento, que se había entretenido en hacer jirones la sombrilla de nuestros vecinos, me comí el bocadillo en el coche, después de ver cómo Zenia se había comido el suyo con la arena como ingrediente extra no deseado. Destino: Punta Paloma.
El aparcamiento de la playa estaba completamente lleno, hasta las orillas arenosas del camino. Seguimos la carretera llena de arena, entre dunas, hasta hacer parada al pie de una de ellas.
Desde aquí se puede ver al fondo Tarifa, incluso parte de la costa africana y muchos puntos de colores de las cometas de los deportistas del agua y el viento.
Después de pasar Tarifa tenemos la parada forzosa del Mirador, donde tenemos las mejores vistas del Norte de África, incluyendo la ciudad de Ceuta y Tánger, esta última a la derecha en la foto.
Paso obligado para entrar o salir del Mediterráneo.
Quiérete mucho ...