Otros, igual de idos que yo, se dedican a hacer fotos a los jardines.
No os miento en lo de la lluvia, mirad las gotas en esta barandilla.
Las casas del barrio son bonitas hasta en reflejos.
Vi llover, vi gente correr y no estabas tú ...
http://www.youtube.com/watch?v=_ML5t_nhE9k
Me encanta esta vista, no me canso de fotografiarla.
Algunos no se privan de asomarse a los balcones tendidos sobre el impresionante precipicio, aunque el viento les rompa el paraguas.
El amor, ay, el amor. Ni lluvia, ni viento, ni vértigo, ni nada hace que una pareja de enamorados no gocen con el roce de un beso.
Incluso los hay que pasean por el jardín vacío ante las inclemencias del tiempo.
Las casas del barrio son bonitas hasta en reflejos.
Andaba por el Parador una señora, con los hijos dando vueltas a su alrededor, tocando el violín. Solo por salir en un día así, casi sin gente, mereció mi moneda.
Escuchaba a lo lejos unos tambores al son de samba brasileña, en concreto era la introducción de la canción The obvious child, de Paul Simon. Como un loco salí disparado hacia el origen de esos ritmos, y mis oídos me llevaron al Convento de Santo Domingo. La puerta estaba cerrada, pero sin echar la cerradura. Adivinaba a los músicos al fondo. Abrí y entré. Mientras llegaba el encargado del recinto, me dió tiempo a hacer un par de fotos, excusarme y salir de nuevo. Las canas me hacen cada vez más descarado. Hubo sonrisas, comprensión y buen rollo. Si se une la fotografía y la música, pierdo ya los papeles.
Llover, llovería, pero no paraba de pasar gente por el Puente Nuevo.
Ahora, eso sí, las mesas de los bares andaban más bien escasas de personal; algún viandante a paso ligero y poco más.
http://www.youtube.com/watch?v=_ML5t_nhE9k
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