domingo, 3 de enero de 2010

Primer raid del año

El segundo día de este año he querido hacer un recorrido precioso entre montañas. Ya había quedado con Raúl para hacer la ruta que sube de Marbella a Istán, por carretera, para coger después e introducirnos por caminos en la Sierra de las Nieves, salir cerca de Monda y bajar a Marbella por carretera. Un total de 55 km de darle a la bici y, en mi caso, empujarla durante un rato por unas rampas en las que se quedaron asfixiados mis cuádriceps, negándose a hacer cualquier flexión que tuviera que ver con el pedaleo. Fue duro, pero ya me conocéis y sabéis que me va la marcha; y como el cuerpo todavía me lo permite, pues disfruto con estas pequeñas aventuras.

Eran más o menos las diez de la mañana cuando salí de Marbella, equipado con un culote pirata, para que no se enfriaran las rodillas; una faja para los riñones, que mantuviera caliente mi dolorida zona lumbar; camiseta interior, maillot y chaleco reflectante amarillos para que se me viera bien por la carretera, pulsómetro, casco y guantes; ah, y el nuevo móvil y la cámara de fotos compacta. Como reserva de gasolina eché una bolsita de almendras garrapiñadas y un Red Bull. Para no perder la costumbre de olvidarme siempre de algo, no llevaba agua en los bidones.

Llegué al punto de encuentro con Raúl, en la desaladora, y empezamos a subir las primeras cuestas camino de Istán. Estaba todo precioso, con mucha agua después de tantas lluvias. La prueba de fuego, la rampa que lleva al paso por debajo del puente de la autopista, la subí tranquilo y con mucha confianza. Arriba me estaba esperando Raúl preparado con la cámara de fotos para sacarme justo al final de una curva en rampa. Le oigo decirme que no queda espacio para más fotos. Yo le digo que es imposible, que solo tiene hechas un par de fotos. Me pongo a pensar y me temo lo peor, efectivamente, me he olvidado de meterle la tarjeta después de descargar unas fotos, y se ha quedado en casa. No importa, voy estrenando móvil con cámara de 3,2 megapílxel, que me han dicho que hace unas fotos bastante buenas, así que problema resuelto.

El pantano está lleno y por seguridad está funcionando un aliviadero. El agua se encuentra de color marrón por la entrada de las aguas procedentes de riachuelos y torrentes, que arrastran el barro arrancado por las fuertes lluvias.

Una vez pasado el pantano, sobre un kilómetro más, en una curva hay una fuente, cuya agua es algo dura, pero que sirve para llenar al menos un bidón por si me entra sed por el camino. Raúl va sobrado de fuerzas, se encuentra muy ligero con sus setenta y pocos kilos y sus entrenamientos de spining. Yo sigo encontrándome fuerte. Hablando y contemplando el paisaje sin dejar de dar pedales, llegamos a Istán; en las últimas cuestas he empezado a notar un poco de calambres en los muslos, cosa que no me gusta demasiado. La fuente tiene todos sus caños derramando agua fría y buenísima. Vuelvo a cometer otro error, solo lleno uno de los bidones de medio litro, pensando que es más que suficiente hasta una venta que hay en los Llanos de Pula, entre Monda y Ojén. Le pedimos a un ciclista, un señor ya muy entrado en años, pero que conserva aún el amor por la bicicleta, que nos haga una foto delante de la fuente.

Me bebo el Red Bull que llevo en uno de los bolsillos traseros del maillot y partimos de nuevo, antes de que se enfríen las piernas. Pasamos entre los puestos del mercadillo y cogemos el camino que lleva al polideportivo, con una cuesta que ríanse ustedes del Anglirú. Al llegar arriba, cogemos un camino asfaltado, que pasa por el nacimiento que abastece de agua a la ciudad. Ya no nos encontraremos apenas coches durante casi 20 km que tiene el camino que nos llevará a la carretera que baja a la costa. Raúl se divierte haciendo caballitos y mirando unos paisajes de película.
Llegamos al cruce donde hay que tomar un carril de tierra que nos llevará por detrás de Juanar. Empieza lo bueno, esto ya son cuestas de verdad entre piedras, algo de barro en las zonas sombrías y charcos. Ya tengo que meter el tercer plato y tomarme las cosas con tranquilidad; empiezan los calambres en las piernas, pero sigo subiendo y bajando toboganes. Pedaleamos entre árboles, con vistas a dos sierras, una a cada lado del carril.
Raúl dice que se encuentra tan bien, que seguro que se le va a hacer corto el camino, que él esperaba algo más duro. Es lo que hace la juventud, que no conozcas aún los límites. Yo le digo que se lo tome con calma, que aún queda mucho. Llegamos a un riachuelo y empieza un tramo muy empinado que nos llevará a un cruce de caminos, que te da la opción de ir a Monda o a Tolox. No llevo mucho subiendo con el desarrollo más suave que me permite la bici, cuando se me quedan las dos piernas como dos palos, no pueden hacer flexión para pedalear. Es tan grande el dolor, que tengo que parar de inmediato, no puedo hacer una sentadilla, ni tan siquiera un ligero estiramiento de cuádriceps; se han asfixiado, necesitan recuperarse, así que solo es cuestión de unos minutos. Aprovecho para tomar unas almendras y beber un poco de agua. Consigo flexionar ya las piernas y dar unos pasos, así que comienzo a caminar empujando la bicicleta durante un buen tramo. Estamos pasando por detrás de Juanar y aprovecho un ligero descanso para dejar testimonio mediante una foto.

No sé cuánto queda con exactitud, ya que este camino lo he hecho en otras tres ocasiones, pero la última de ellas fue hace más de diez años, así que no me acuerdo cuánto queda antes de comenzar la bajada. Empiezo a hacer tramos de cuestas en bici y otros andando, cuando me vuelven los fuertes dolores. Así llegamos al cruce, donde hay un cartel que nos indica que “solo” faltan 9 km hasta Monda. Le hago una foto a Raúl, con vistas al tremendo desnivel que acabamos de superar. Ya sé que no nos queda mucho para empezar a bajar. Así que me animo y me vuelvo a subir en la bicicleta.
Al pasar una curva, encuentro una vista digna de las que aparecen en las revistas especializadas en paisajes y montañismo. No puedo evitar bajarme de la bici y hacer esta foto que aquí os muestro.
Paso otra curva y me encuentro ya con la bajada, qué alegría, siento el aire fresco pegándome en la cara, pasando por unos campos verdes, con la sierra al final. No parece que esté en Andalucía, más bien podría tratarse de un valle en los Pirineos. La bajada tenemos que hacerla con algo de cuidado, ya que hay mucha piedra en el carril de tierra. Yo sigo por encima de la huella dejada por el neumático de algún coche. De repente nos encontramos con que el carril está ya asfaltado, así que aligeramos en cuanto a velocidad. Así hasta llegar al cruce con la carretera principal que baja a la costa. Raúl ya empieza a sentir calambres en sus piernas. Ya está tomando conciencia de dónde estaba su límite. Nos quedan unos 14 km, los dos primeros de falso llano, el resto es una gran bajada por carretera muy bien asfaltada. Llegamos a la venta de los Llanos de Pula y … está cerrada. Noooo, tengo los labios pegados de secos, me falta glucosa, he consumido ya más de 4.500 calorías, según me indica el pulsómetro. No hay ni una sola fuente por los alrededores. Me acerco a un matrimonio que andaba por allí con su hija pequeña y les pregunto por algún grifo o fuente cercana que funcione, ya que los puntos de agua de la zona de recreo están anulados. Me dice la señora que no, pero no sé qué cara me vería, que me ofreció la única botella de agua que llevaba y me preguntó que si quería beberme algún zumo o algo. Le di las gracias, por una vez debería olvidarme de los buenos modales y haber aceptado un zumo de frutas para recuperarme algo, pero no, solo acepté que me llenase medio bidón de agua, un vaso. Empezamos a pedalear de nuevo, ya no paran los dolores, es algo insoportable, le digo a Raúl que tire un poco de mí, pero no conoce muy bien la técnica del gregario y se lía a darle más fuerte a los pedales. Llega un momento, a falta de unos doscientos metros para empezar a bajar a Marbella, en que me tengo que volver a bajar de la bicicleta y empujarla, ya que andando se me aliviaba algo el dolor. Arriba empieza un falso llano para enseguida comenzar a bajar a buena velocidad. De contento saco el móvil y empiezo a hacer fotos. Primero una de Raúl bajando a tumba abierta.

Después me hago un autorretrato, sin parar, y otra de la carretera en toda su longitud, con el sol y el mar de fondo. Me pasa un coche azul, el niño del asiento trasero me saluda muy efusivamente; se parece a mi sobrino Jesús. Por la noche, cuando hablo con mi madre, me dice que mi hermano Cristóbal le ha dicho que me había visto bajando por la carretera de Ojén, suelto de manos haciendo fotos, que me iba a matar. Mi madre ya no se asusta de oír estas cosas. Era él con su hijo, en el coche, que iban a visitarla.

Al llegar abajo, aún le quedaban a Raúl 10 km para llegar a su casa. Paró, quería comprar gominotas o algo dulce, iba cansado y necesitaba gasolina su cuerpo. Le llamé por la noche para ver cómo había llegado y qué le había parecido el recorrido. Estaba cansado, pero feliz por la experiencia.

Mis números de esta aventura han sido: 4 h 50 minutos reales de esfuerzo, el resto se fue haciendo fotos; una velocidad media de 11,30 Km/h; un máximo de 193 pulsaciones por minuto; 156 pulsaciones de media y 4.853 calorías consumidas. Cuando subí a casa eran las seis de la tarde. Ducha, comida y siesta. Hoy estoy como nuevo. Esto es vida.

sábado, 2 de enero de 2010

Una aventura ciclista nocturna

Este título es el que le gustaba al protagonista, así que se merece que lo ponga. Resulta que tenía pensado desde hace algún tiempo salir en bici de noche con mi hijo, y ayer, primero de año, fue el día elegido. Cuando le conté lo que íbamos a hacer, se quedó encantado. Una salida en bici, con luz frontal, los dos solos, hasta un bosque medio abandonado donde hay un torreón muy antiguo.

Metimos los frontales en mi mochila, cogí una cámara de fotos, inflamos las bicis, y a la calle. Nos iba anocheciendo por el camino, tuvimos que llenar un bote de agua de una de las fuentes, y no paramos hasta que llegamos a nuestro destino. Allí había que usar ya nuestras linternas para poder entrar en ese oscuro y desierto bosque. Javi estaba muy decidido, así que nos quitamos los cascos, nos pusimos los frontales, vuelta a poner el casco cada uno, y para adentro. La verdad es que prácticamente no veíamos nada, ya que la del niño era un frontal con un solo led. La mía tiene tres leds, pero de baterías iba bastante flojita. Dimos una vuelta por ahí dentro y decidimos volver hasta el próximo destino: el puente de madera del Marbella Club.

El puente estaba totalmente a oscuras, pero nosotros podíamos iluminar el paso sin problemas. Allí disfrutamos viendo una luna preciosa, enorme, que aparecía por encima de la sierra. Es en esos momentos, contemplando el mar, la luna y las luces de Marbella, cuando uno se olvida de que en el mundo hay problemas y estamos dándonos un beso en la boca con la vida.

Después de relajarnos y empezar a notar el fresquito de la noche marinera, empezamos de nuevo a dar pedales. Ya solo paramos una vez para que el campeón pudiera beber agua de mi bidón. Fueron dos horas preciosas entre padre e hijo. Él llegó a casa y se lo contó a su madre con esa ilusión que solo los niños saben poner en las cosas que van descubriendo.

Me haces tanto bien, Javi. Y tu hermana también. Ahora estás pasando por la etapa que viví antes con ella.

viernes, 1 de enero de 2010

El último chapuzón del año

Ya se ha convertido esto en una costumbre, lo de bañarse el último día del año, para dejar en el agua del mar todo lo malo, lo negativo; lavar el alma y salir con buen corazón y salud de hierro para afrontar el nuevo año. Me metieron el gusanillo los Sánchez Ibáñez, junto con el amigo Chico. Ayer no pude bañarme con ellos, porque ya había quedado a otra hora con Raúl, colega del Estudio, que quería bautizarse en tal actividad, o locura, como dicen la mayoría.

En el momento de llegar a la playa, nos llovía un agua fina y fresca que se metía en los huesos. Había que salir del coche ya en bañador, sin más ropa, para que no se mojara la que teníamos puesta. Una ligerita carrera por la playa, que hubo que abandonar pronto, porque en vez de entrar en calor, cogíamos más frío por el viento que hacía. Así que, para el agua, a darse unos pocos de chapuzones purificadores. Los minutos que pasamos entre las olas, fueron muy divertidos, ya se pasó la primera impresión de congelarse y nos dio la risa. Cuando salimos teníamos hasta calor, así que imaginad cómo estaba el agua. Lo peor son los pies, porque crees que se te van a caer las uñas. Por lo demás, estupendo. La verdad es que ya me he acostumbrado, porque este año pasado me he estado bañando todos los meses del año, acompañado por mis perros, que les gusta el mar tanto como a mis hijos y a mí.

Hoy me encuentro estupendo, con muchas ganas de vivir y de seguir haciendo lo que se me pase por la cabeza, aunque sean algunas “locuras” de éstas. Como novedad, por fin he podido establecer un poco de comunicación con una muy antigua amiga rondeña, persona tan querida como distanciada por la vida, que siempre se empeñó en poner grandes ríos insalvables de por medio. Espero que se pueda establecer de nuevo un lazo irrompible de amistad.

Feliz año nuevo a todos. Un abrazo muy fuerte de este viejo y loco soñador.
Creo que he visto una luz al otro lado del río … sobretodo creo que no todo está perdido.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Ya tenemos un poco de agua dulce

Creíamos que no iba a llover, que el maldito cambio climático nos la iba a jugar. Pero no, ha empezado a caer agua esta semana pasada, con ganas, con intención. En este pueblo nuestro nos ha vuelto a pillar con el paso cambiado; no hay forma de que estén limpias las alcantarillas para recoger el agua de las calles. Y no será porque no lo sabemos de un año para otro. Creo que con solo proceder a la limpieza de imbornales, rejillas y demás elementos de evacuación de aguas pluviales, se ganaba un montón, y hasta puede que alguna señora no se cayera al intentar cruzar de acera en la calle Colón, o la del Calvario, por no decir la Huerta de los Cristales o las Peñuelas, entre otras, debido al río que se forma.

Mis amigos arquitectos saben lo que es realizar un sistema de canalizaciones para aguas pluviales, y ahora que se han estado arreglando algunas calles, entre las que ha estado la nombrada Colón, bien se podrían haber instalado algunas rejillas de acera a acera, que recogieran los torrentes que se producen; así se repartía la superficie de recogida y se disminuirían esos caudales torrenciales.

Os subo un par de fotos de la laguna del puerto, quiero decir ... éstoooo, de la calle donde se encuentran las casetas de los pescadores.

Eso, que ... it´s raining again.

http://www.youtube.com/watch?v=5MltrnVOG2s

sábado, 26 de diciembre de 2009

Confirmación de una nueva karateka

Este próximo enero tendré que celebrar mis bodas de plata con el karate, y en concreto con el gimnasio Zen, mi club de toda la vida. Hubo temporadas en las que no pude entrenar allí, como el año de servicio militar, o cuando nacieron mis hijos, pero nunca dejé de practicar allí donde estuviera. Intenté meterle el gusanillo de este arte marcial a mi hija, pero como primero probó con el judo y le encantó eso de luchar, cuando empezó en karate echaba en falta eso de combatir, que además se le daba genial, pero claro, al ser aún una niña, en karate solo entrenaba técnica fundamental, y se aburrió. Después llegó el niño, y ya es cinturón naranja-verde, y le encanta la técnica, aunque todavía tiene que ir cogiendo posición fundamental.

Después de que siempre animé a mi mujer para que empezara con el karate, este año se decidió. Creo que fue de tanto llevar a Javi y quedarse viendo cómo entrenaba, que a primeros de año se apuntó a clase, con tan mala fortuna que en el primer calentamiento tuvo una rotura fibrilar que la dejó fuera de combate. En septiembre, después de una lenta recuperación, decidió entrar de nuevo, pero en esta ocasión le aconsejé que fuera a otra clase, más acorde con su disponibilidad de escaso tiempo libre; y así es cómo empezó con Joaquín Pavón, profesor de Javi, estando muy ilusionada con sus progresos. Por fin se ha dado cuenta de lo difícil que es el karate, y del sacrificio que conlleva coger cierto nivel.

La semana pasada realizó su examen para el grado de cinturón amarillo. Yo fui a verla, sentado en un sitio donde no pudiera cruzar su mirada con la mía para no descentrarla. Salió nerviosa pero con fuerza, e hizo un examen bastante bueno, con su kata bien realizado, sin olvidar ningún movimiento, pararse o correr más de la cuenta. Se creció, supongo que eso debe ser de familia, porque al hijo y a mi nos pasa igual cuando llega la hora de la verdad, aunque a veces fallemos en los ensayos. Este martes fui a la entrega de cinturones. Ahora lleva el cinturón amarillo que yo llevé puesto en 1985, hace ya algún tiempo. Espero que tenga que cederle todos los cinturones de colores que conservo, incluido el marrón.

Enhorabuena, campeona. My endless love.

domingo, 20 de diciembre de 2009

LLEGÓ EL FRÍO

Este año creía que no llegaría nunca el frío, ya hasta tenía ganas de ponerme mi chaqueta impermeable para pasear al amanecer por la playa. Estoy en la oficina y miro con ansiedad hacia el rincón donde alojo mis esquís y mis botas, aunque ya queda menos para usarlos; un metro de nieve en Sierra Nevada y 17 Km esquiables a fecha de hoy. Mi hijo está decidido a mejorar su muy elemental nivel de esquí, ahora está muy valiente, como ya está hecho un experto con la bicicleta … No para de decirme que tenemos que subir ya a la sierra.

El paseo de esta mañana ha sido ligero, a la altura del Skol cambió el viento, venía frío y húmedo, lo peor. Mi mujer se negaba a continuar y hasta los perros no protestaron cuando dimos la vuelta. Hoy se merecía un paseo mi cámara compacta, la que ya solo uso para las fotos acuáticas; no me iba a bañar, pero como últimamente ha llovido, pues me he dicho que igual me servía. Con ella he podido hacer la foto del paseo marítimo y de unos nubarrones que amenazaban a un mar revuelto.

Felices fiestas a todos, y si no tenéis cerca a la persona amada … LOVE THE ONE YOU´RE WITH

jueves, 17 de diciembre de 2009

Un amigo

Qué suerte, eso de tener amigos. Coger el teléfono, marcar, pedir un deseo y que te lo den. Sí que es una buena cosa eso de contar con gente con la que echar un buen rato, o un buen llanto, que a veces también hace falta, aunque con menos frecuencia que lo de reír, afortunadamente.

El señor de la foto, antes de que le hablaran de usted, por respeto hacia su profesión, era mi pareja de fútbol en el famoso equipo del patio de su casa, al que pusimos Atlético Malagueño, por nuestras preferencias futbolísticas por aquellos tiempos. Los rivales, siempre los mismos, se hacían llamar Bilsevi, por los mismos motivos que los nuestros. En una era moderna donde nuestros hijos no saben pasar un día completo sin sus videoconsolas, nosotros nos dábamos de patadas en un patio de unos veinte metros cuadrados, sudando como pollos; y oye, éramos la mar de felices. Pasaron algunos años y convertimos el patio de fútbol en un polideportivo, donde igual se jugaba al baloncesto, al fútbol, al ping pong o a cualquier otro deporte. Su santa madre tiene más que ganado el cielo, y mi más cariñosa admiración, ya que a sus cinco hijos varones me sumaba yo como otro más de casa, por si no tuviera ya bastante. En su casa había sitio siempre para todos, con derecho a un vaso de leche con Nesquik a la hora de la merienda. Paqui, no he dejado de quererte en todos estos años.

Fueron pasando algunos añitos, vinieron las novias, la movida madrileña y todo lo que ello conllevaba. Fue con él con quién escuché por primera vez a muchos de los grupos que empezaban por aquel entonces. Entre ellos Nacha Pop, con un jovencísimo Antonio Vega que se convertiría con el tiempo en uno de mis cantantes favoritos, teniendo la suerte de verle en dos ocasiones, antes de su muerte. Y, curiosamente, la última actuación en la que le vi, estuve con este amigo y su hermano, mi también gran amigo de la infancia, Jesús, del que ahora ando algo alejado, pero con el que estoy seguro que volveré a compartir buenos momentos. Todo llegará.

Bueno, Joselillo, aquí subo la foto que te hice en la playa, hace dos o tres domingos, en una noche fresquita, sin estrellas. Espero poder seguir contando con tu amistad hasta el fin de los tiempos.

Y hablando de Antonio Vega ...

domingo, 6 de diciembre de 2009

Pedro el pescador

Cada noche, Pedro salía en su barca a pescar. No había apenas luz, solo la de sus dos focos y la luna, que a veces mostraba al completo su cara blanca salpicada de rocas grises.

El hombre acercaba su barca a la orilla, con la esperanza de poder atrapar aquellos peces que se acercaban al rompiente de las olas durante esas horas que anteceden al amanecer. Echaba sus aparejos de pesca, esperaba pacientemente, entretenido entre sus pensamientos y las puntadas gruesas con las que reparaba la red de uno de sus útiles de pesca. El tiempo no hace falta adelantarlo, el momento es mágico, solo roto por los esporádicos mensajes vía radio que se envían unos pescadores a otros.

Ya empiezan las primeras luces, el sol va desperezándose, al fondo, donde termina el mar y empieza el cielo, que inicia su transformación al naranja más claro, el que anuncia el amanecer. Pedro ya se ha puesto de pie en su barca, deseando dar los buenos días a su amigo el sol, que le dará calor y le indicará que la jornada ha terminado, que hay que volver a puerto.
Manuel, el corredor que cada mañana pasa con su pequeña perrita esquivando las olas de la orilla, baja el ritmo para ver que viene el día, que asoma un sol aun soñoliento, perezoso, entre las aguas grises con tintes azules del mar. El día ya comienza, Pedro terminó su jornada e iza el ancla, volviendo a puerto, para amarrar la barca y vender los frutos que el mar ha querido brindarle en esta noche de trabajo. Esta noche volverá a salir de nuevo.
(Cuento escrito por OMAL el 6 de diciembre de 2009).


The water is wide http://www.youtube.com/watch?v=opfEk_Yoksk

viernes, 4 de diciembre de 2009

A veces no es tan malo estar en silencio

Oír el mar, observar sus idas y venidas, de la noche al día, del frío al calor.
Tener tu imagen grabada en el sol, tu amor paseando en barca.
Mis ideas volando con las gaviotas, sin el menor dolor.

Un edificio solitario frente a un desierto de arena y paz.
Dos estrellas escapan antes de que llegue la otra luz.
Se nota una música de solo dos notas, ¿la escuchas? Es mi corazón.

El agua besa una y otra vez cada roca del espigón.
Las rodea, las abraza, para luego irse de nuevo.
No hay ningún momento igual al anterior.

Sí, a veces no es tan malo estar a solas con el mar.

martes, 1 de diciembre de 2009

Una tarde apocalíptica

¿Qué puede hacer uno un sábado por la tarde esperando la llegada del invierno? Convencer a un hijo para dar un paseo en bicicleta, con una cámara de fotos como testigo de un cielo especialmente colorido, con nubes grises, amarillas y rojas amenazando lo que podría ser el Apocalipsis.

No es que estuviera especialmente nervioso, a pesar de esta crisis a la que se empeñan en darle los gobernantes cualquier nombre con tal de buscarle un disfraz; pero me quedé en un estado de embriaguez por tanto color, por ese aire fresco en la cara mientras daba pedales lentamente, como contándolos uno a uno, vigilando de lejos al campeón de casa en su entretenido pasatiempo de saltar por encima de cada tapa de arqueta que se le ponía por delante. Llegamos al embarcadero de madera cercano al Marbella Club, y desde allí, en silencio, estuvimos observando la más bonita de las puestas de sol que este otoño nos haya ofrecido. Quisimos guardar un recuerdo de este paseo, por ello estas fotos.

Y cómo pasa el tiempo, que de pronto son años …

jueves, 26 de noviembre de 2009

Un paseo especial por Juanar

Lo normal es dar un paseo entre sus árboles, con la luz del día. Pero no, quise saber lo que se siente al pasear en la más absoluta oscuridad de la noche entre pinos, olivos y castaños, acompañado de las estrellas y una tímida luna que solo mostraba una pequeña parte de su figura.

Hubo un primer paseo, empezando al atardecer, hasta el mirador, donde se nos hizo de noche. Por el camino fueron varias las fotos que se hicieron de olivos y montes, para terminar con la vista en silencio de Marbella. La vuelta fue rápida, con la luz de un frontal y el ruido de la Naturaleza en la noche. Se intentó captar el cielo estrellado, sin un resultado convincente, ya que no portaba un disparador que me permitiera exponer minutos sin sacar movida la toma.

Repetí la visita, de noche, a los dos días de la anterior. En esta ocasión me acompañaba mi amigo de toda la vida, que se había molestado en ir a comprar dos disparadores, uno para cada uno, y hasta con su mando a distancia y todo. No podía fallar en esta ocasión. Antes de nada pasamos por el bar del parador, donde saboreamos un excelente chocolate caliente y un buen trozo de bizcocho, mientras peleábamos con cables, baterías, emisores y receptores de señales hasta conseguir que la cámara disparase a distancia. Y entonces vino el frío, las risas, y un cielo estrellado en medio de una gran ventolera. Al final conseguimos, en medio de la más absoluta soledad, un par de fotos decentes con árboles y estrellas. La polar que subo, supuso una exposición de más de quince minutos.

Quiero volver con luna llena, para sacar los contornos más bonitos que la noche pueda dar. A ver quién se apunta en esta ocasión para pasar un buen rato de frío y conversación.

Todavía no he encontrado lo que ando buscando.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Playa El Rodeito

Habitualmente, y por costumbre desde pequeño, he tirado para las playas del Este de Marbella. Ha sido este pasado verano cuando hemos tomado en casa la opción de ir hacia el Oeste, convenciéndonos bastante las playas alrededor de Puente Romano, por su mejor acceso en coche y no tener que pasar por los atascos de los domingos desde Las Chapas.

Ahora tenemos los mejores amaneceres y atardeceres para hacer fotos, ya que se suman nubes preciosas a una luz suave. Lo que está claro, que a Este y a Oeste, tenemos unas vistas inigualables. Por este motivo, el pasado fin de semana me fui a pasear por la playa El Rodeito, justo pasado Puerto Banús. Allí hay un faro precioso, con pinta de haber estado mucho antes que el mundialmente famoso puerto de yates de lujo. Sobre su arena hay varadas unas barcas que habrá que fotografiar otro día, ya que por allí andaban niños jugando por todos lados y no había posibilidad de hacer fotos con el tiempo y la serenidad que ello requiere, sin que salga alguno accidentalmente por medio.

Mirando al mar tenía, a Levante, Puerto Banús, y a Poniente, un espigón aprovechado para pescar y, pasear el amor cogidos de la mano alguna pareja de enamorados, como podéis ver en una de las fotos que os subo. Os muestro la parte más salvaje y libre, la de Poniente, con una puesta de sol maravillosa, que pude aprovechar gratuitamente.

Aunque algunos lo desconozcan, seguimos teniendo playas ideales para recrearse tranquilamente, con el lujo de la arena, el mar, las rocas y barquitas. Espero que estas fotos os dé paz y un punto de felicidad, que dure el máximo tiempo posible.

La canción que hoy toca, ya que estamos hablando y viendo vistas de algo que podría ser tan bueno como un paraíso, es la última de un español que tiene la suerte de cantar al lado de una guapa morena.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Otro día señalado

Hay algunos días señalados en mi vida, que difícilmente podría olvidar. El más fuerte quizás sea el día en que me pusieron por primera vez en mis brazos a mi hija recién nacida. Después vinieron muchas alegrías por su parte, ya que era una niña muy lista y muy espabilada, que tuvo muy pronto la responsabilidad de ser una ganadora. Llegó su hermano, ahora el chico de la casa, y empezamos de nuevo a transmitir lo que de bueno tenemos su madre y yo.

El deporte es algo que inculcó mi padre a todos sus hijos, y ahí seguimos. Lo mismo he hecho con mis dos hijos, ayudándoles a dar sus primeros pasos en aquello que requiere de ciertas habilidades y equilibrio, llámese esquí, bici o karate. El benjamín de la casa ya está en ello, su hermana ya lo superó, salvo el karate, pero se inició en el judo.

Ayer mi hijo vino conmigo, cada uno en su bicicleta, hasta Puerto Banús. Era tal su carilla de felicidad y orgullo al ver que estaba allí el edificio de El Corte Inglés, por lo que representaba una distancia que siempre había recorrido en coche, por lejano, que no pude resistirme de hacerle una foto con el teléfono móvil; posando él todo feliz por las aventuras vividas por el camino, donde tuvimos que pasar bajo el puente de Río Verde, circular por alguna vereda y calles con coches. Fue otro día señalado, ya que a partir de ahí podremos salir los dos juntos en bici a hacernos un recorrido de quince kilómetros, con las mejores vistas de paisajes marinos. Espero poder seguir siendo capaz de subir a Istán, el día que él quiera que le acompañe, en un futuro no muy lejano.

Hoy puede ser un gran día.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Luces marineras


Si hay algo que me apasiona, eso es el mar. Y para llevar colgada una cámara de fotos, son el amanecer o el anochecer lo que más me gusta captar en una imagen. El color gris azulado de los días nublados, las nubes entorpeciendo a un tímido sol de mañana, ese pequeño pesquero bajo los primeros rayos; todo me parece divino más que terrenal.

Hay un uso, desconocido para algunos, de las farolas de los puertos, y es como lugar de reposo de gaviotas, desde donde otean todo movimiento de barcos que puedan aportar parte de su alimentación. Tuve la suerte de captar a una de ellas llegando a su lugar de acomodo, y ella me lo agradeció con la mejor de sus sonrisas en forma de alas extendidas.

El puerto pesquero cercano a casa es mi refugio habitual durante al menos quince minutos diarios, lo suficiente para olvidarme de todo lo que no sea mi mundo.

Unas fotos para la relajación y la paz, y una música acorde con el mar. Que ustedes las disfruten.

martes, 3 de noviembre de 2009

Noche de Halloween

Aunque no tenga muchos años de tradición en nuestro país, sí que se ha infiltrado como otra noche para la diversión junto a los amigos. Fue en casa de unos de éstos donde fuimos invitados junto a un nutrido grupo de brujas, vampiresas, viudas alegres, zíngaras, asesinas, y todo tipo de personajes de ficción en una noche en la que encima había una niebla que le daba más credibilidad al evento.

Pasé un buen rato haciendo fotos, comiendo, bebiendo y terminando la fiesta en el sótano de la casa marcándome unos improvisados de guitarra y piano con mi colega José Manuel, anfitrión de la fiesta, junto a la jefa, Esperanza. No sé cómo me las apaño, pero cada vez que voy por esa casa, termino con una guitarra en las manos, recordando viejos tiempos.

Las chicas fueron las reinas de la fiesta, con unos disfraces estupendos, muy arregladitas todas, a tono con la noche. Y la bebida con la que terminamos casi todos la noche, fue un estupendo mojito bien preparado, que sabía a gloria.

Os dejo con unas fotos de algunas de las chicas, y con una canción de La Unión –Lobo hombre en París.-