En Castellar de la Frontera se encuentra un sendero donde impera la mariposa Monarca. El inicio del camino está al lado de una venta llamada La Cantina, y se desarrolla paralelo al río Guadarranque. En total son 6 km de ida y otros tantos de vuelta.
Hay varios carteles explicativos.
El sendero es bien frondoso.
Pronto se empiezan a ver por cualquier lado, tan bonita mariposa.
La modelo se muestra amigable.
La luz juega con las aguas del río.
Entre helechos.
Al sol.
En todo su esplendor.
Miguelange al sol.
Bosque.
La ruta hay que hacerla con cámara de fotos, y no confiarse solo al móvil.
Equilibrio.
Nos podemos encontrar también con estos animales astifinos.
El sendero es fácil de seguir, la vereda está hecha ya de tanto pasar, y hay carteles de señalización.
Lo curioso de esta mariposa, es que se alimenta principalmente de dos tipos de flores que no gustan a los demás miembros del reino animal.
Nada hacía suponer que al domingo siguiente tuviésemos prohibido salir a pasear; las cosas suceden así, nunca crees que algunas circunstancias se puedan dar, nada más que en las películas de ciencia ficción.
El domingo 8 de marzo fui a almorzar con mi hijo Javier, y luego dimos un gran paseo, al que pertenecen estas fotos, que van en orden correlativo a nuestro andar.
Ese albero estará mucha gente deseando pisar de nuevo, sin temor a coger una infección que los lleve a un hospital.
Seguro que volveremos a correr al aire libre.
Habrá muchos que quieran llenarse de nuevo los pies de arena, para lavarlos luego pausadamente al sol.
Quiero imaginar que la lluvia de estos últimos días, habrá aclarado el río Verde.
Paso en bicicletas por el puente de madera.
No sé cuándo podré sentarme de nuevo al sol con mi hijo, desde entonces no he podido verlo; nos pilló el aislamiento en sitios diferentes.
Estatua de la Victoria, en Puerto Banús, obra del escultor Zurab Tsereteli. Soportada sobre una columna de unos treinta metros de altura.
Fridays ...
El cormorán tuvo protagonismo inesperado, entre los barcos y Sierra Blanca.
Llegando a puerto.
Conjunción de barcos, mar y montaña.
Aprovechando los últimos rayos de sol.
La luna salió con prisas, aún quedaba bastante luz solar.
Y cayó la tarde.
Llegando la noche.
Ahora toca quedarse en casa aislado, me tocó sin compañía alguna, es lo que hay; por otro lado, aprovecho para darle a la música. Volveremos a bailar juntos, no me cabe duda.
Primero almorzar con el mayor de los varones, después un paseo con la cámara de fotos. Todo un lujo, viviendo cerca del mar. Un sitio muy especial para andar, o montar en bici.
El mar revuelto tiene mucho más encanto, que una sosa e inútil calma chicha.
El secreto a voces del amable clima de Marbella: su sierra protectora.
Hay tanta gente con la que te cruzas ...
Un detalle esto de las fuentes, ahora sí que lo valoro de verdad.
Hasta las guitarras quieren salir a pasear, para disfrutar de un bello atardecer.
Jamás había visto un conejo en la playa, algo insólito.
La juventud es dueña del atrevimiento, hasta encaran al sol.
Desde Levante, con el viento a favor, golpeando las olas a un concurrido embarcadero.
Llegó el tercer día, después de una penosa noche con fiebre. No había ganas de nada, pero nos quedaba la visita al Louvre y a la torre Eiffel. Saqué fuerzas de donde no las había, desayunamos y nos fuimos caminando hasta el museo. Una vez dentro intenté disfrutar, según mis limitaciones, de lo que allí se cocía.
La Consagración. Fue pintado entre 1805 y 1808, por Jacques-Louis David, pintor oficial de Napoleón.
La Libertad guiando al pueblo, por Eugène Delacroix. Simboliza la revolución de 1830.
La Gioconda, retrato de Lisa Gherardini, pintada por Leonardo da Vinci, a principios del siglo XVI. También se conoce por La Mona Lisa, que significa Señora Lisa.
Ya no podía ni con mi alma, la visita se tenía que acabar antes de que me diera un desmayo allí. Mucha gente y mucho calor.
Salir de allí sin un souvenir, me parecía extraño. No gasté mucho, solo empleé ocho euros en un libro sobre el museo.
Cogimos el metro en la misma estación del museo, la Palais-Royal Musée du Louvre. Cuando salimos de nuevo a la superficie, estábamos al lado del Arco de Triunfo.
Con la aplicación que llevo en el móvil, nos dirigimos hacia la torre Eiffel. Conseguimos verla a lo lejos, no íbamos mal encaminados.
El Sena y la famosa torre.
No faltan turistas por los alrededores, a pesar del pésimo día que hacía.
No quería venirme sin dejar testimonio de mi visita.
Juré que en la primera estación de metro que viera, me metía. Así llegamos a la de Alma Marceau, y tras un transbordo, fuimos a parar a unos cien metros de nuestro hotel. No era esta estación de la foto, pero Javi salió bien el día anterior y aprovecho la toma.
Fuimos a almorzar a Comptoir de LÉurope, en 27 rue dÁthènes. Javi acertó mejor que yo con la elección de su plato, un tremendo filete de entrecot. Luego descansaríamos en el hotel hasta la hora en que nos recogieron para llevarnos al aeropuerto. Pasé el viaje temblando por la fiebre.
Esta es una página que servirá para exponer mis experiencias en otras actividades distintas a mi trabajo cotidiano como ingeniero proyectista de instalaciones. Podréis encontrar artículos sobre karate, fotografías realizadas con mi equipo, y otras cuestiones que me apetezca comentar en función del humor del día.
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