martes, 14 de mayo de 2013

Las horas previas a la prueba de ultrafondo de 101 Km

Este fin de semana se ha celebrado la prueba de ultrafondo de los 101 Km de La Legión de Ronda, en la que hemos participado más de 7.000 deportistas. Me estrenaba en una prueba de montaña de esas características, además en la modalidad de duathlón, donde hay que entrenar la parte de bicicleta y la de marcha en mi caso. En esta entrada contaré la experiencia de las horas previas a la competición, adelantando ya que la terminé con horas de antelación a lo previsto en mis cálculos previos.

17:41 horas del viernes. Conseguí montar la bicicleta en el coche sin desmontar la rueda delantera, estaba tenso y tenía ganas de llegar ya a Ronda. Raúl me esperaba en la BP de San Pedro Alcántara para subir juntos, ya que nos íbamos a alojar en un piso de su tío.


Llegamos a Ronda, Raúl fue en busca de las llaves; mientras, aparqué donde buenamente pude. El espejo retrovisor del lado del conductor lo llevaba fijo, porque lo habían arrancado días antes y en el taller me habían hecho un apaño, pero no se podía plegar. En éso que veo, estando yo a unos metros de distancia, que viene un camión, el hombre se baja con toda la buena intención del mundo para plegar el espejo y, se queda colgando; al dirigirme yo corriendo al coche me contesta que él sólo ha intentado plegarlo y se ha caído. Obvio, qué le voy a decir, encima que lo había hecho para evitar éso, romperlo. En fin, que empezamos mal. Fuimos a la fuente de los ocho caños, donde nos tenían que llevar las llaves, ya que el que tenía que dárselas, las había olvidado. Llegaron las llaves y no eran las de esa cerradura. Ya empecé a ponerme nervioso. En el mismo pasillo comienzo a organizar la mochila que tenía que llevarles a la organización para hacer la transición del duathlón. En ésas llegaron las llaves buenas, y también Luis, el otro compañero que se iba a quedar en el piso. Entramos las bicis y el equipaje y nos dirigimos de inmediato a la alameda. Dejé la mochila en el camión asignado, y nos fuimos a dar una vuelta. Había una oferta estupenda de Maxim, en la que por dos euros te daban un bidón de 750 cc lleno de bebida energética, así que Luis compró tres, uno para cada uno.


Después de todos los contratiempos, ya me encontraba relajado.


La alameda tenía un ambientazo increíble, mezclados militares y civiles, en lo que verdaderamente parecía una feria.


No pude evitar asomarme a un balcón y hacer un par de fotos de estos paisajes que tanto me gustan y que tengo grabados desde niño.



22.07 horas. Tocaba acercarse a los comedores de campaña que habían establecido en la misma alameda, para tomar lo que llaman la "cena de la pasta". Vean ustedes mismos en qué consiste.


22.43 horas. De camino al piso, había que tomarse algo, cómo no. Yo opté por un par de cañas, que van magníficas. El ambiente en Ronda era increíble.


23:33 horas. Tocaba irse ya a la cama, que aún había que preparar ropa, colocar dorsales en bici y ropa y echar un último vistazo a las bicis, que la rueda delantera de la de Raúl se frenaba por el roce con las pastillas de freno y había que ajustarla en condiciones.


La iglesia de Padre Jesús presenta un aspecto que invita a la reflexión y el descanso.


8:07 horas del sábado. Antes de las 7 de la mañana ya estaba despierto, nervioso, esperando a que los compañeros se levantaran para irnos a desayunar. El cielo presentaba muy buena pinta, con las nubes mezcladas con un azul claro que anunciaba buen tiempo.


Desde luego que el lugar no podía ser más propicio para pensar en cosas buenas.


Comenzaban los rayos de sol a pegar, y empezamos a temer al calor de la sierra.


A esas horas, después de la noche multitudinaria, las calles aparecían completamente vacías.


En la cafetería que encontramos abierta, no había ni un alma. Tomé un vaso de leche con Cola Cao y un bollo tostado con jamón y queso, para coger energías y empezar fuerte.


En menos de una hora estaría ya camino del estadio dando pedales, pero éso lo contaré en la próxima entrada, junto con los detalles de mi prueba, de principio a fin.

Ya sé que la he puesto, que Javier, mi hijo, me lleva el control de las canciones, pero es que esta versión, en directo, no la he subido, y me gusta tanto la canción.


lunes, 6 de mayo de 2013

Último entrenamiento para los 101 Km de Ronda


Ayer domingo hice el último entrenamiento antes de la prueba de los 101 Km de La Legión de Ronda, en la que participaré en la modalidad de Duathlón, recorriendo las localidades de Ronda, Arriate, Alcalá del Valle, Setenil de las Bodegas, Montejaque y Benaoján, para terminar en la alameda de Ronda; con un total de 83 Km en bici de montaña y 18 a pie, aunque a tenor del perfil, serán más los que haga a pie y menos en bici, porque hay cuestas en las que ya sé que será mejor bajarse de la máquina.

Con idea de entrenar con las máximas dificultades posibles, salí pasadas las tres de la tarde, con el sol dando bien, sin echar sales minerales para el agua y sin usar el inhalador para mi asma de esfuerzo, pasando por zonas de olivo, al cual soy alérgico. No se me ocurrió ninguna trastada más para mi cuerpo, bueno, sí, me salté la comida del mediodía. Con ésas empecé a subir a Istán, pasando la prueba de su famosa rampa del puente de la autopista sin asfixiarme; antes de lo habitual en mí, ya estaba llenando los bidones de agua en la fuente y comiéndome una barrita energética.


Ahora quedaba la parte más complicada para mí: llegar hasta el cruce de caminos situado a 10 Km de Istán, con una parte final bastante dura en la que siempre tengo que echar pie a tierra para andar en algunos tramos, cosa que también forma parte del entrenamiento: éso de arrastrar la bici. Con paciencia y haciendo una sola parada para abrir una barrita energética, llegué bien al mencionado cruce.


Desde aquí ya solo quedan un par de subidas antes de dejarme caer hasta el puente de la carretera que lleva a la costa, con un recorrido aproximado de 6 Km, siendo camino de tierra y piedras hasta más o menos la mitad, y luego con asfalto rugoso. Aquí entrené el descenso por carriles con piedras y arena, en el que hay que estar con muchísima concentración para no terminar en el suelo.


Y llegado a este punto, solo quedan unos 5 Km en subida moderada pero constante hasta coronar el puerto de Ojén, desde donde ya solo hay que dejarse caer hasta casa, pero en los que es más que aconsejable meter todo el desarrollo y dar pedales para que las piernas no se queden heladas, porque a esas horas avanzadas de la tarde hay sombra en la carretera.

Y así pasaron estos últimos 52 Km de entrenamiento con la bici de montaña. Ahora toca recuperar esta semana para que los músculos estén a punto el día más importante de esta temporada deportiva.



domingo, 5 de mayo de 2013

La primavera en mi ciudad

Después de unos días empeñados en volver al invierno, se ha hecho sitio de nuevo la primavera. Las golosas abejas recogen todo el polen que pueden pegar a su cuerpo, aunque sean los mismos ojos.


Las turistas salen al sol, dentro de un escenario de intensos colores.


Las palmeras quieren tocar un cielo muy cercano a ellas.


Aire y mar con los mismos protagonistas.


Siempre de acuerdo con todo lo que suponga seguridad, así que este salvavidas está bien situado.


A veces hay objetos capaces de flotar, pero que no deberían usar estas aguas para navegar a la deriva.


Los animales sí que saben aprovechar lo que la Naturaleza ofrece, aunque sea en forma de radiación solar.


Y en una familia tan marinera, no podía ser de otro modo que las mascotas gusten también del mar. Extasiado con el rumor del balanceo de los barcos.


Blue skies over my head ...


miércoles, 1 de mayo de 2013

Una jornada ciclista por la sierra granaína

Este domingo se celebró la prueba cicloturista denominada "La Ruta de los Nazaríes del siglo XXI" con salida en La Zubia y llegada en un parque natural cercano a la mencionada localidad. El perfil prometía mucho en cuanto a dureza y belleza del paisaje, así que había entrenado con ilusión para tan singular evento.

El sábado por la tarde metí mis vestimentas de ciclista en una mochila, cargué la bici en el coche y me dirigí a casa de mi amigo Miguelange, donde ya me esperaban con la cena preparada y mi cuarto listo para pasar allí la noche, y así partir directamente en su coche por la mañana temprano.

Antes de que sonara el despertador a las seis de la mañana, ya estaba mi amigo dándome un toque para que me levantara a desayunar. A las siete de la mañana estábamos ya montados en el coche, camino del pueblo granadino.


El cielo de Dúrcal no nos garantizaba el tiempo despejado que deseábamos, aunque tampoco daba muestras de lluvia.


La prueba empezaba a las 10.30, pero más de una hora antes ya andábamos preparando las bicis.


Ante la incertidumbre con el climatología del día, cambiábamos de idea de un momento a otro en cuanto a la ropa, ya que igual asomaba el sol tímidamente, que empezaban a caer gotas. Optamos por abrigarnos y echar el chubasquero.


Yo iba preparado con camiseta interior deportiva de tirantes, maillot, cortavientos y manguitos, con el chubasquero guardado en uno de los bolsillos traseros. Aquí aún quedaba una hora para la prueba, con Granada a mi espalda.


Y después de calentar unos minutos subiendo cuestas por los alrededores de la salida, nos fuimos para el punto de partida desde donde saldríamos neutralizados hasta el centro del pueblo. Por delante tenía unos pocos de compañeros ya bien ubicados.


Por detrás ya también se estaba formando un grupo importante de ciclistas.


Y llegó el gran momento. Salieron todos disparados, de tal modo que cuando estábamos atravesando ya la ciudad de Granada, miré el ciclocomputador y me llevaban a más de 40 km/h llaneando, algo impensable en mis habituales salidas en solitario. En una de las rotondas vi caer a un compañero, ya que había empezado a llover torrencialmente y la carretera se había puesto muy resbaladiza, por lo que las curvas entre tanta gente se hacían muy peligrosas.

Al poco empecé a ver compañeros que se daban la vuelta, yo ya iba en la cola y no entendía bien si es que eran más razonables que yo, que en esos momentos ya iba completamente chorreando, a pesar de haberme puesto el chubasquero, ya que el agua me entraba por las aberturas del casco y me resbalaba por la espalda; o que la carrera se había anulado por la climatología. Al seguir tropezándome a competidores en sentido contrario, y ver a un motorista de la organización le pregunté si se había anulado la carrera por el tiempo, y me dijo que no, pero que era temerario el seguir, ya que las bajadas de los puertos podrían suponer un gran peligro. Yo, por supuesto, había ido con Miguelange y no tenía en la cabeza la idea de abandonar. Por una vez mi amigo también fue sensato y me lo tropecé en sentido contrario, por lo que ya sí que opté por dar la vuelta, que tampoco sería fácil, ya que había que recorrer 20 km en sentido contrario, sin conocer el camino y con las manos y pies insensibilizados por el frío y el agua. El termómetro marcaba 6º C. Del tema viento, mejor ni recordarlo.

Y conseguimos llegar al polideportivo, estando un buen rato bajo el agua caliente de la ducha hasta conseguir que el frío abandonara mi cuerpo.

Decidimos subir hasta el lugar donde estaba ubicada la meta, con la idea de ver llegar a los colosos que completarían la carrera a pesar de todos los pesares, y donde también nos darían de comer. Aquí conseguí fotografiar a uno de los primeros en llegar, con un tiempo que no tiene nada que envidiarle, dadas las características del recorrido, a los del pelotón profesional.


No es de extrañar la cara de admiración con la que el público miraba a estos grandísimos deportistas.


Y qué bicis, madre mía.


Gente ahí arriba haciendo fotos, no faltaba.


La organización fue bastante buena. Hubo mucho control por parte de las autoridades, prensa, varias motos de enlace. Cayeron en todos los detalles.


En las carreras no somos los primeros, pero para la paella, no nos gana nadie, jejeje. Aquí estaban estos señores preparando dos enormes paellas para los participantes.


Y a 4º C que estábamos allí, había que darse mucha prisa para poder comerse el arroz algo caliente.


La bella y la bestia. Una bici preciosa y un enorme tractor.


La niebla iba entrando a medida que la tarde se acercaba.


Llegaba la hora de ir volviendo ya a la costa. No sin antes echar un último vistazo y habiendo recogido el maillot de regalo.


Nos vimos obligados a coger otro camino diferente al deseado, por medio de un parque precioso, pero con un carril no preparado para un turismo.


Una preciosa estampa serrana. Parece que hubieran puesto los dos caballos ahí, con ese encuadre, para que yo los sacara.


Increible paraje alrededor de la presa de Rules, ya acercándonos a la costa.


Y hasta aquí aguanté totalmente despierto, hasta Salobreña. Luego encontraría la posición justa del sillón para echar una siesta hasta que parara el coche mi amigo.


Al final, lo que iba a ser una cicloturista en toda regla, por la climatología, quedó para nosotros en un entrenamiento bajo el agua y el granizo.


Una versión del Know How con Feist, que me ha encantado.