viernes, 19 de mayo de 2017

Primeras dos semanas en La Habana

El día que me enviaron los billetes de avión para venir a La Habana, supe que el sueño se estaba volviendo realidad. Me contrataban para trabajar dos semanas poniendo en marcha el departamento de mantenimiento del hotel Gran Manzana Kempinski, en pleno corazón de La Habana Vieja.

PRIMERAS VISTAS DE LA CIUDAD

Mi primer amanecer en tierras cubanas fue la mañana del 5 de mayo, subí a la cubierta del edificio, muy temprano.


El atardecer es quizás más hermoso.


Hasta la noche es preciosa.


Parque Central.


Vista desde la piscina del hotel.


El malecón.


Día de olas revueltas por encima del malecón.


Entrada de un crucero.



Mekedé, restaurante cercano al hotel, donde vamos a comer algunos días al mediodía.


Vendedores de cometas en la playa.


Llueve sobre la ciudad, sin disminuir el calor.


DEPORTE

Madrugando mucho para poder hacer deporte antes de empezar a trabajar.


Es un placer salir a correr por el malecón, con la camiseta de mi club, el Luna Llena.


AMIGOS

No he perdido con los años la capacidad de hacer amigos con facilidad. Esta fue mi primera cena fuera del hotel, con Dima y Javier.


Este Chevrolet del 55 nos llevaría a una pandilla de cinco al Fantasy.


Cena en un restaurante cerca de la catedral: Pedro (portugués, director de Alimentación y Bebidas), Giulian (francés, organizador del servicio de bares y restaurantes), Dima (palestina, directora de formación), Órfilo (español, ingeniero encargado de poner en marcha el departamento de mantenimiento), Blanca (española, encargada de poner en marcha el spa del hotel), María (alemana, directora de preaperturas de la cadena Kempinski) y Francisco.


Echando un rato con Hemingway, con la foto de Fidel al fondo.


Aprovechando que teníamos que ir al banco, paramos a comer con música en directo. Sonia, la esposa de mi compañero Sandro, del Kempinski Bahía Estepona; Dima y yo.


De mojitos con Blanca por La Habana Vieja.


Dima levantando el vuelo, con parte de la fachada de nuestro hotel a la derecha de la foto, y detrás el parque Central. Por ahí cerca andaba también Javier, que acabábamos de salir del Floridita, donde nos habíamos dado un respiro después del trabajo.


Algunos compañeros del departamento de mantenimiento. Gente sencilla, noble y de sonrisa fácil.


SALIDAS DE FIN DE SEMANA.

En la discoteca Fantasy.


Con Maribel, que ha estado una semana con nosotros, dando formación en el spa. Nos fuimos a bailar a la Casa de la Música.


Después de irnos a cenar el sábado por la noche, todos se fueron a dormir, menos estos tres elementos, que se fueron a la discoteca Sarao, considerada la mejor de La Habana. Aquí estábamos ya bastante perjudicados.


De esta misma noche. Al mediodía nos hemos ido a comer Javier, Dima, Blanca y yo, planeando salir a cenar esta noche, junto con Pedro y Giulian. A la hora que habíamos quedado, todos se echaron atrás, salvo los mismos del Sarao, que estamos cogiendo ya fama de marchosos; y digo yo, ¿quién es capaz de dejar de moverse en este país donde suena música por todos los rincones?
Después de habernos comido un plato de pasta y haber bebido algo más de la dosis recomendada de alcohol, ya que no tenemos que conducir y estamos a cinco minutos a pie de nuestro hotel, nos tomaron esta foto. La diferencia de edad, yo podría ser el padre de los dos, no impide que hayamos conectado a la perfección, tanto para trabajar, como para salir a cenar o bailar.
Me han ampliado la estancia aquí en un mes más, así que habrá muchas más vivencias positivas.


Y qué mejor vídeo, que este corto grabado en el Floridita.

video


martes, 25 de abril de 2017

Carrera de Montaña en Casares

Este ha sido el último entrenamiento largo para los 101 Km de La Legión. El recorrido, verdaderamente bonito y duro con un constante subir y bajar.


El perfil y los puntos de avituallamiento, bien repartidos en los 24 Km de la prueba.


Llegamos a Casares con bastante antelación para recoger el dorsal, la bolsa del corredor y hacernos la foto de rigor con las camisetas de nuestro club: C.D. Luna Llena.


Luego iríamos viendo a amigos, como a Rosana y Alberto.


También con Rafi, que a la postre sería con quien haría la mayor parte de la carrera, ya que era la que hacía de escoba en el recorrido largo de 24 Km.


Por allí andaba también Chus, que había ido con sus hijos, quienes también participaron en la prueba infantil. Detrás nuestra también aparece el amigo Alejandro. Muchos otros también saludamos, que no aparecen en las fotos.


Pistoletazo de salida y todos salimos corriendo como posesos, ya que había una cuesta abajo antes de empezar lo bueno, que era una cuesta larga y muy empinada sobre la sierra de Crestellina.


En este primer tramo llevaba detrás a Súper Paco, que en cuanto se puso la cosa difícil, le dejé paso y vi cómo se iba alejando con paso decidido.


Después de pasar el primer avituallamiento líquido, en una zona ya más suave, pero siempre con tendencia a subir, llegué al punto más alto del recorrido.


Después del segundo avituallamiento, llegaría una bajada de unos 3 Km que aprovecharía para trotar y ganar algo de tiempo. Luego se sucederían constantemente las subidas y bajadas, aprovechando siempre estas últimas para aligerar el paso. las siguientes fotos son en el km 13,5 aproximadamente.


Por este punto íbamos todos corriendo.


En un momento dado, hubo una bajada por un bonito bosque.


Y como sin querer, llegué al avituallamiento 4, donde pude disfrutar de un bocata de salchichón y una cerveza, la mía fue sin alcohol, pero muy fresquita, que me recargó las pilas.


Después vendría una bajada hasta un río, que se me hizo un poco pesada, ya que la mayor parte era por una zona irregular, con piedras, y es lo peor que le va a mi tobillo izquierdo. Al fondo, los molinos de viento.


Unos 2 Km casi llanos, en ligera pendiente, teniendo que atravesar en un par de ocasiones el río, sin mayores problemas. Maite siempre sonriendo.


De todo el recorrido, puede que esta parte fuera la que menos me gustó.


Pasé el último avituallamiento, miré hacia arriba y fui consciente de que me quedaba un buen tramo por subir hasta la plaza de Casares donde se encontraba la meta.


Que poco me quedaba ya, así que aproveché para fotografiarme con la que había sido mi compañera durante casi todo el recorrido.


El sprint final.


La llegada fue lo más emocionante, con todos aplaudiendo. Fui el último que entró en meta, después de casi cinco horas sin parar de andar y trotar.


Y sigue el romance de Maite con el podium. El Club Escalada Marbella se llevó una gran cantidad de trofeos. Son unos fieras corriendo.


Muy orgulloso con mi medalla de finalista.


Después de reponer fuerzas y dar una vuelta por la muestra de gastronomía que había en una de las plazas, nos despedimos de Casares hasta otra ocasión.


Si la ves, dile que volveremos a correr juntos ...


lunes, 27 de marzo de 2017

50 Km de HOLE

Necesitamos entrenar para los 101 Km de La Legión y, qué mejor forma de hacerlo que participar en el homenaje a esa carrera, con un recorrido de 50 Km.


El perfil de la prueba no es nada despreciable.


Recogimos los dorsales a toda prisa, justo media hora antes de empezar la prueba.


Trotando hacia la salida, donde veríamos en primer lugar al amigo Mauri.


Al poco pudimos hacernos una foto los Luna Llena de Marbella, faltan en esta foto otros compañeros, que andaban algo más atrás, entre la multitud de participantes.


Empezó la prueba y salimos todos disparados, aunque con tiempo para hacernos un selfie con Rafalange.


La consigna era trotar todas las bajadas para ganar tiempo, así que en no mucho andábamos ya entrando en Arriate. Ya sólo nos quedaban 34 Km.


Camino del km 21, donde nos darían un avituallamiento más contundente con bocadillitos de pan de molde con jamón y queso, que junto con un buen vaso de Coca Cola, nos dieron alas.


Camino del cuartel de la Legión.


Con la moral alta, llegábamos al Tercio.


A partir de aquí, quedaba lo más duro. Comenzábamos a subir a la ermita de Montejaque.



Había pasado algo más de una hora desde la foto a la entrada del cuartel, cuando Maite me hacía ésta ya delante de la ermita.


Bajada a Montejaque en busca de las tortas de chicharrones que nos tenía preparadas allí nuestra amiga Mari Montes. El que está ahí tan tranquilo sentado es su hermano y mi amigo, Antonio.


Hasta el río Guadiaro fuimos trotando, pasando previamente por Benaoján.


Penúltimo puerto. Ya se divisa Ronda.


Bajando en busca del Guadalevín.


Ahora sí que se veía ya el final.


A estas alturas, mis cuádriceps se negaban a trotar, chillaban doloridos cada vez que intentaba acelerar el paso. Quedaba la subida final.


Y llegué a la alameda de Ronda, Maite un poco antes que yo, porque fue todo el camino acompañándome y no quiso dejarme solo. Nos ganamos a pulso esa medalla como reconocimiento al gran esfuerzo.


Un bocadillo de chorizo de la tierra, con una lata de cerveza que me supo a gloria. Y luego, para Marbella, a casa, a descansar después de un grandísimo día.

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