El clima de esta última semana fue lo que realmente se llama inestable. El domingo me tocaba entrenamiento de bicicleta de montaña. Lo de coger senderos iba a estar complicado, ya que la lluvia lo había dejado todo embarrado, pero al menos con las ruedas gordas entrenaría más seguro.
Esperé al mediodía, cuando salió el sol a relucir. No me fiaba y me puse ropa larga y chubasquero. Por el paseo marítimo hacía un viento de Poniente que invitaba a quedarse en casa, a tenor de la soledad del tramo por el que iba.
No tengo la costumbre de ponerme pañuelo debajo del casco, pero sí que acerté al hacerlo en esta salida. Me puse uno que me regaló el ex del Kelme, Jesús Rosado.
Al llegar a Puerto Banús empezó a llover con mucha fuerza, que sumado al viento costero hacía hasta peligroso pedalear por el muelle exterior.
Llegó un momento en que la cámara se mojó por completo, incluso el objetivo, por lo que todo se veía tan borroso como en realidad yo lo percibía.
Al llegar a San Pedro Alcántara, otra vez lucía el sol.
Comencé a subir a Benahavis, y al pasar por la Charca de Las Mozas no pude aguantar la tentación de bajar y ver qué era aquello que producía tal ensordecedor ruido.
Lo que es propiamente la charca era un completo torbellino de rugientes aguas. Si en condiciones normales se desaconseja bañarse en esa poza por el peligro que entrañan sus recovecos, en esta ocasión el peligro se adivinaba por todos los sentidos.
A la vuelta, la gente había salido al paseo marítimo para andar, correr, montar en bici, confiados en que el cielo se comportaría. Nada más lejos de la realidad. A la altura del último restaurante ubicado en la zona del albero, empezó a caer agua de arriba, con tal intensidad que en solo unos pocos minutos volvía a estar completamente empapado todo. Fue guardar la bici, y de nuevo salió el sol. Un total de intensos 50 Km más, acumulados de entrenamiento.
Nota: Todas las fotos han sido realizadas por mí, con la cámara compacta a prueba de agua, frío y golpes.
El entrenamiento de montaña del sábado lo hice con mi hijo Javier, fueron 9,5 Km con una climatología caprichosa. Comenzamos en Aloha y ya el camino siseaba cuesta arriba.
El sendero estaba un poco embarrado.
También tiene su parte buena eso de los charcos, porque nos permite jugar a los espejos.
La Concha entre nubes la teníamos como referencia a nuestra derecha.
Un poco de juego corriendo con los bastones, para romper la monotonía del paso a paso.
Curiosa imagen donde comparten la flor dos abejas.
Subimos una pequeña colina desde donde dominábamos el pantano. Mi compañero disfrutó de lo que veía.
Aquí tenemos por un lado a la presa La Concepción, y arriba asoma La Concha.
Y aquí está el mago capaz de desaguar el agua del pantano a través de su cuerpo.
Y por si fuera poco, controla la Naturaleza.
Y llegamos a nuestro mirador particular, donde una gran piedra hizo la labor de banco.
Unas galletitas para coger un poco de fuerzas.
Otra vez comenzaba a llover.
Lo cierto es que impresiona el chorro de agua que sale a través de una de las compuertas de la presa.
Recolecta de pequeñas flores para mamá.
Es capaz de abrir el cielo.
Un puente de la autopista, salvando río Verde.
Mi compañero esperó pacientemente a que yo trabajara con la cámara.
El día de Andalucía lo pasé haciendo una preciosa ruta circular por la sierra de Ronda, pasando por el Tajo del Abanico, organizado por un club de ultrafondo, tan deportivo como con un arte que no se puede aguantar; se llaman Los últimos sus murais. Gente muy sana con muchísimas ganas de hacer marchas mientras más largas mejor, y con altísimo nivel, habituales de pruebas como los 101 Km de La Legión de Ronda.
A las ocho menos cuarto de la mañana habíamos quedado Chacón, Andrés, Mariano y yo por el Don Miguel para irnos a Ronda, donde teníamos que estar sobre las nueve para encontrarnos con los Susmurais. Poco después de San Pedro, en La Zagaleta, estaba la Guardia Civil parando a los coches, porque la carretera estaba completamente nevada y no se podía pasar. Nosotros, al ir en un vehículo con tracción a las cuatro ruedas, todo terreno, pudimos continuar muy despacio, con unas vistas más propias de otros lugares mucho más al Norte. Ya faltando poco para llegar, nos encontramos con una máquina que iba despejando de nieve el carril contrario a nuestra marcha.
Tras una curva vimos al fondo Ronda, que apenas se distinguía envuelta en nieve.
Al final llegamos a tiempo a la zona deportiva de El Fuerte, donde estaban ya los compañeros, haciéndonos la foto de grupo antes de partir.
La vía de tren presentaba este impresionante aspecto.
Y las calles de Ronda se acercaban a las imágenes que vemos de Rusia.
Aunque no estuviera dentro de la ruta, no había otra que visitar la alameda.
Los rincones únicos de tan bonito lugar estaban decorados con la nieve caída.
Había que asomarse al famoso balcón adivinando cómo estaría el paisaje.
Lo que veíamos nos dejaba sin palabras. La nieve unida a la belleza de por sí del lugar, hacía que aflorara el deseo de retener para siempre esa imagen.
El paso por el Puente Nuevo nos ofrecía un Parador contrastando con el campo nevado.
Los naranjos tenían frutos acompañados de nieve.
Pasábamos el castillo camino de la plaza de San Francisco.
La entrada antigua de Ronda es uno de los lugares que tengo en mi mente desde muy niño.
Empezamos a introducirnos en el campo, entre fincas nevadas.
Estos caballos pasaban casi desapercibidos, camuflados por el entorno.
Y llegamos al camino nº 4 del Tajo del Abanico, atravesando la verja que corta el paso. Hasta aquí había hecho yo anteriormente una excursión con mi hijo, no pudiendo continuar. Así que ahora me introducía en tierras desconocidas.
Y delante se nos presentaba el famoso Tajo del Abanico.
Empezamos la bajada.
No faltó de nada, ni tan siquiera el cruce de un río cuyas aguas puedo certificar que estaban bien frías, ya que procedían sin duda alguna de la nieve caída.
El compañero Mariano fotografiaba tan singular lugar, mientras Chacón observaba la grandeza de la gran formación de la roca en lascas.
Cada uno, desde el ángulo que creía conveniente, inmortalizaba el lugar con la cámara disponible.
Desde abajo, se aprecia muy bien el motivo de tal nombre.
Ahora venía el paso a otra zona, avisándonos previamente que había ganado bravo suelto y que entrábamos en un coto privado de caza.
En esta foto llevamos formación en V, no sé si será la casualidad o la influencia militar de los romanos, jeje.
Y llegamos a un lago que jamás había visto, en el cual había como un cenador a medio terminar.
Ya llevábamos un rato subiendo cuando nos encontramos este lugar singular, donde un juego de cascadas hacían competencia al elemento blanco. Mariano y Chacón no quisieron perderse la foto.
Hubo un momento en que volvió a aparecer Ronda detrás nuestra. Ya llevábamos un buen rato subiendo y había que volver al lugar de partida.
Comenzaba a nevar, pero por suerte para nosotros el viento estaba en calma, así que no molestaba nada pasar por este increíble camino.
Empezamos a encontrarnos barro por el camino, procedente de la nieve derretida.
Y asomó el sol, pasando en unos metros de las nubes a un cielo casi despejado.
Tuvimos que cruzar la carretera de Algeciras para meternos por Rosalejo, bajando un buen tramo embarrado.
Aquí sí que tuvimos que pasar por un camino reconquistado por el agua, que buscaba la vía fácil para canalizarse por sí misma por cada hueco que encontraba en su camino, convirtiendo la tierra en lodo.
Estábamos ya dentro de lo que es el barrio de San Francisco, con Cristina girándose, tras oír en repetidas ocasiones el click de mi cámara de fotos.
Ahora subíamos la cuesta del castillo con un panorama totalmente diferente al que nos encontramos de nieve por la mañana.
Nos quedaba atravesar el Puente Nuevo, con esa vista única que nos ofrece; comenzaba a llover.
Después de despedirnos hasta la siguiente, que espero sea muy pronto, regresamos a Marbella, nevándonos buena parte del camino.
Fue una jornada de senderismo para recordar, junto a personas que se han convertido ya en amigos con los que compartir esa locura que es ir cada vez más lejos por uno mismo, disfrutando del entorno. Muchas gracias a los Susmurais por dejarnos compartir con ellos esta experiencia gratificante de andar 21 km por los alrededores de la preciosa Ronda.
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