martes, 25 de diciembre de 2012

Excursión de esquí. Viaje y primer día.

(Aconsejo leer la entrada mientras se escucha esta música)


Por segundo año consecutivo he acompañado durante tres días a los alumnos del instituto Jorge Guillén, de Torrox, en su actividad de esquí y snowboard en Sierra Nevada. Como profesores titulares han ido Miguel Ángel y José Antonio, los otros dos adultos hemos sido Wence y yo, aunque a los cuatro nos llamaban "maestro".

Después de llegar al hotel, el GHM Monachil, adjudicar las habitaciones y dejar el equipaje, nos dispusimos a dar buena cuenta de la cena, con su correspondiente sobremesa, dejando organizados a los niños para la mañana siguiente.


Ya por la mañana, desde la cubierta vecina a mi habitación, destacaba al fondo un mar de nubes, que algún chico de otro grupo confundió con un mar de agua.


Por aquello de que compartimos ronquidos desde la mili, Miguel Ángel y yo estuvimos en la misma habitación.


Una vez recogido el material, en mi caso solo esquís y bastones, ya que sin mis botas no voy a ningún lado, que para eso las tengo amoldadas a mis doloridos y accidentados pies; nos subimos en telecabina a Borreguiles, donde el jefe dejaría colocados ya a los grupos de alumnos con sus correspondientes profesores; eso sí, previa sesión de fotos.


La primera bajada la hicimos por la Perdiz, para ir cogiendo el tacto de los esquís sobre la nieve. Mis dos primeras bajadas suelen ser siempre un suplicio, ya que los pies protestan por las botas y mis muslos por la flexión permanente. Así que al llegar abajo descansé unos minutos haciendo algunas fotos, aprovechando ese incipiente sol.


No tardaríamos en subir a la base del Veleta, en el telesilla del mismo nombre, donde ya las pistas tienen una pendiente más pronunciada y las vistas son únicas.


A la una empezamos a comer, después de tres horas sin parar de esquiar. El descanso sería corto, media hora para reponer fuerzas e ir al aseo. Eran muchas las ganas de nieve que había. También hubo sesión de fotos de alumnos, tumbándose el profe de Eduación Física sobre la nieve para sacar fotos más espectaculares.


Esta foto de la luna está hecha a las tres menos veinticinco de la tarde. Todo un lujo.


No me pude contener por aparecer también en alguna foto, aunque fuera en el reflejo de las gafas de un alumno.


Después de otras tres horas bajando pistas desde los remontes Veleta y Stadium, regresamos al hotel. Ducha y algunas fotos del atardecer, con un cielo organizado en estratos sobre las montañas.


Los chicos, más inexpertos, sacaban las botas al exterior, sin saber que por la mañana podrían encontrárselas heladas.


Pasadas las seis y media de la tarde, la noche se iba echando encima.


Una sustanciosa cena acompañada por un par de copas de vino, y a las nueve y media de la noche ya andábamos metidos más de uno en la cama. Los jóvenes se encargarían de que no durmiésemos toda la noche del tirón, como es normal en esas circunstancias.

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