domingo, 2 de diciembre de 2012

Un laaaargooooo paseo

¿Qué hacer un frío sábado, pero al mismo tiempo soleado, cuando se levanta uno resfriado? Pues darse un gran paseo a la orilla del mar, abrigado y acompañado por su compañera diaria de salidas. Agua, espejo de lo que nos rodea.


Hay quien se enfunda un neopreno y toma el sol al mismo tiempo que rema y pesca con caña.


Los valientes optan por correr por la orilla del mar, con una ligera brisa del Norte que retiene el mercurio de los termómetros en la zona de abajo.


El agua sigue amagando, entrando y saliendo de la playa.


El camping, el que había en la playa, totalmente abandonado a su suerte, aunque a tenor de la ropa tendida y los grandes perros guardianes, alguien se encarga de mantenerlo fuera de peligros.


Una modalidad bastante practicada: fútbol mixto, pero no entre hombres y mujeres, sino compartiendo pelota con la mascota.


Otros pobladores tienen que echar alas al vuelo al paso de los ajetreados paseantes.


Estamos justo en el vértice que nos separa de Río Real, no hay nadie a quien molestar y le permito hacer a Dana lo que más le divierte: ir a buscar las piedras que le lanzo al mar. ¿Quién dijo que el agua estaba helada?


Violenta forma de secarse, pero no conoce otro modo. Yo me descoyuntaría el cuello.


A reposar la piedra, al calor del sol.


Vuelta del paseo.


Afortunado el que se levante por la mañana, al lado de la playa y se encuentre con este paisaje.


Algo de Pink Floyd.

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