miércoles, 31 de marzo de 2010
Nuestra particular visita al puente colgante de madera
lunes, 29 de marzo de 2010
Estreno de la bici de Raúl
Se me presentaba el día algo raro por el cambio horario, puse el despertador del móvil, que es el que uso siempre, pero no cambié el resto de relojes, así que cuando sonó a las ocho de la mañana de la hora buena, me levanté a apagarlo, miré otro reloj que marcaba las siete de la mañana, horario de invierno, y me dije –¿pero se puede saber a dónde voy casi de noche?- y me volví a acostar. Cuando me quise dar cuenta ya eran las nueve de la mañana, tuve que llamar al compañero para decirle que aún tenía que sacar a los perros a pasear, vestirme y salir pitando para el sitio de encuentro, que está a unos siete kilómetros de casa, así que había que retrasar una hora la salida.
Llegué con tiempo al lugar de encuentro, que siempre es la desaladora, esperé unos minutos hasta que apareció el amigo con su reluciente bici, le hice la correspondiente foto de bienvenida y para arriba, camino de Istán en un magnífico día para la práctica deportiva, ya que no hacía ni frío, ni calor.
viernes, 26 de marzo de 2010
Una carrerita y una ducha fría


Menos mal que el frío se está yendo, hemos empezado a trotar los tres, las primeras impresiones eran buenas, Dana me miraba incrédula, como pensando –vaya, por fin toca otra vez moverse con el jefe- Luna no sabía dónde colocarse, cuando iba antes a correr, normalmente ella iba con otra persona; hoy iban las dos conmigo, una en cada mano, difíciles de manejar si nos encontramos con algún congénere suyo por el camino. El pecho empezaba a mover su interior, el corazón iba cogiendo ritmo, buenas sensaciones. Veinte minutos después llegábamos al punto de origen. Todos contentos.
Me ha dado tiempo hasta de romper a sudar, falta me ha hecho, porque al llegar a casa Maite me decía que nos habíamos vuelto a quedar sin butano, así que tenía que ducharme rapidito. Aquí es donde uno tiene que echar mano de la filosofía oriental, de la relajación de mente y cuerpo, porque curiosamente, mientras más respingos pegue uno, más fría parece estar el agua. Al final he conseguido relajarme y me he pegado una buena ducha con agua helada. Ahora estoy empezando a notar ciertos músculos de las piernas, que están despertando de un largo descanso.
Me he propuesto seguir haciendo esto siempre que no tenga que hacer karate o coger la bici; de este modo haré deporte todos los días y empezará a coger el abdomen un aspecto más a tono con un deportista.
Os dejo con una foto de cada una de mis compañeras. La grandota es Dana, mi perra, la bichillo es Luna, que aparece acomodada durante una de sus siestas; su dueña es la que la mima, pero no la que suele sacarla, porque dice que ya lo hace su padre a deshoras.
Por cierto, ¿quién me ha robado el mes de abril?
http://www.youtube.com/watch?v=sq187ARsRMM
domingo, 21 de marzo de 2010
Crónica de un día de esquí en solitario
Este telesilla te deja en una zona por la que puedes coger la pista Zorro, azul, para llegar a Borreguiles. En este tramo compartí un rato con un esquiador que había llegado de Madrid, había dejado a los niños con los suegros y se había subido en solitario, para esquiar a gusto. Nos pusimos de acuerdo para acceder a la zona de Loma Dílar, para lo que tuvimos que coger el telesilla Émile Allais y hacer una bajada en diagonal hasta la base del telesilla Borreguiles II que nos dejaría al lado del radiotelescopio.
Antes de seguir esquiando, decidí comerme el plátano y darle un par de tragos al Aquarius. Comenzamos a bajar la pista Loma Dílar, con una tremenda ventisca.
Me encanta esta pista, porque hay un momento, antes de una gran pala de buena nieve, en el que puedes ver al fondo Pradollano al completo.
Seguimos esquiando hasta llegar a Montebajo, donde decidimos seguir cada uno nuestro camino, ya que él quería bajar a la zona de La Laguna y yo quería ir hacia Borreguiles para esquiar próximo al Este, único lugar que me serviría para poder volver al parking en caso de que la niebla se pusiera tan espesa que fuese imposible seguir esquiando, o que simplemente, parasen el telesilla que me tenía que llevar cerca del Veleta para bajar esquiando por el Águila, roja. Como no quería correr el riesgo de quedarme sin la posibilidad de poder regresar esquiando hasta el lugar donde tenía aparcado el coche, opté por subirme en el telesilla Monachil, que me subiría 449 metros de desnivel para dejarme de nuevo cerca del radiotelescopio. Arriba seguía haciendo ventisca, y desde allí se podía ver el hormiguero humano que se forma en Borreguiles, donde se concentran la mayoría de pistas para principiantes, y hasta donde tenía yo que bajar ahora por la pista Cecilio, azul.
Una vez en la zona adecuada, tomé el telesilla Veleta, que me dejaría 350 metros más arriba, a poco más de tres mil metros de altitud. Era la única alternativa que me quedaba para ir a las zonas Veleta y Parador. Empecé a cruzar diagonalmente hacia la derecha, en medio de un tramo de pista helada, para coger la pista Diagonal Cauchiles, roja, donde no había absolutamente nadie, ya que había una gran ventisca y, además, el telesilla de acceso directo que es el Stadium, estaba fuera de servicio.
Ahí fue el momento en el que decidí que tenía que tomarme las cosas con mayor tranquilidad aún y esquiar de forma segura, ya que en caso de accidentarme, tendría que esperar a que pasase alguno de los que, como yo, prefieren las pistas rojas solitarias. Me siento sobre un montón de nieve, disfrutando de unas vistas únicas, me como el bocadillo y me bebo la Coca Cola, mientras empieza a levantarse una ventisca que empieza a dejarme las manos sin movilidad, hasta el punto de que cuando quiero ponerme los guantes de nuevo, no soy capaz de hacerlo, tengo un gran dolor en los dedos y no me responden. Intento calentar algo las manos metiéndolas en los bolsillos, mientras, sigue arreciando la ventisca; tengo que salir de allí lo antes posible para pasar al otro lado de la montaña. Consigo que los dedos comiencen a moverse de nuevo y me pongo los guantes antes de que la cosa empiece a ponerse más fea. Salgo esquiando hasta llegar a la pista el Águila, que se encuentra totalmente solitaria. No me molesta ahora tanto el viento y disfruto esquiando con giros largos, suaves, con la cámara colgada del cuello. Llegan unos muchachos que hacen una parada para reunirse, aprovecho la foto que me ofrece la imagen con la Virgen de las Nieves al fondo.
Bajo por esta pista roja hasta llegar al cruce con Puerta Elvira, que me lleva de nuevo al lugar de origen de la jornada de esquí. Cogería tres veces más el Virgen de las Nieves, que seguía encontrándose solitario, disfruté de unos maravillosos descensos, que me dieron hasta la oportunidad de grabar un tramo de bajada con el móvil en el modo de video. Después vería que debería haber prestado más atención a la grabación, en vez de ensimismarme con el paisaje; por lo que no conseguí lo que quería: un video bonito para subir a youtube. Otra vez será, con una cámara más en condiciones, con más angular.
Después de cinco horas seguidas de esquí, decido que es momento de aprovechar que no he sufrido ninguna caída y ya comienzan a cargarse las piernas, para volver. Hago desde el parking una foto de unas casas que me encantan.
Comienzo por quitarme unas botas que han cumplido a la perfección su función. Creo que el dinero mejor invertido en mi vida, fue el que empleé hace dos temporadas para comprar mis botas actuales. Las otras que tenía me hacían tal daño que hacía de algo que me gusta tanto como el esquí, un suplicio. Lo barato, ya se sabe, y más en el caso de unos pies que no son tales, sino palas, como los míos. Los esquís también estuvieron a la altura de las circunstancias, el año pasado me los repararon, enceraron y afilaron los cantos para que agarrasen bien en los giros.
Una vez comenzado el descenso en coche, no pude evitar bajarme y fotografiar este paisaje de asfalto, árboles y nieve.
Poco antes de las seis y media de la tarde estaba ya de vuelta, guardando el equipo. Fue un bonito regalo por el día del padre.
Ride like the wind.
domingo, 14 de marzo de 2010
Y tú ¿cómo estás?
Ayer nos juntamos casi toda la clase para celebrar que salimos de la Escuela hace 25 años. No sé cómo explicar la emoción tan fuerte que tuve al abrir la puerta del restaurante y encontrármelos a casi todos allí. Apretones de mano, abrazos sinceros, risas y muchos recuerdos. A la mayoría de ellos no les veía desde aquellos tiempos. De todos aquellos chavales jóvenes que se querían comer el mundo en dos bocados; solo uno no podrá reunirse más con nosotros; nuestro compañero de clase, chaval listo y alegre donde los hubiera, que siempre me recogía y me llevaba de vuelta a El Palo, José Miguel, murió en un accidente de tráfico hace ya unos años. Alguien propuso mandar una placa conmemorativa a su familia; todos estuvimos de acuerdo. Era un piñón más de esa piña que fue nuestra promoción.
Toda un aula de muchachos, con una sola chica, Mery, que venía a ser como la novia de todos, la alegría de la clase. Sigue siendo una mujer muy guapa, después de tantos años. Diego nos contó sus chistes, con el arte de un profesional. Todo eran risas, buenos recuerdos de horas y horas bajo el mismo techo. Nadie hacía la zancadilla a nadie, los problemas complicados que ponían algunos profesores, los resolvíamos entre todos en la biblioteca. Creo que todo el mundo debería pasar por una experiencia así.
Gracias a todos ellos, por hacerme vivir unos tiempos donde todas las metas estaban por alcanzar. Algunos de ellos ya tienen hijos estudiando en la universidad, otros mantenemos la ilusión de que nuestros hijos también puedan abrir su mente al mundo y vivir esas experiencias que nos llevaron a ser hombres y mujeres honestos y preparados.
Ah, cómo hemos cambiado…
jueves, 11 de marzo de 2010
Esperando la primavera

Una amiga me ha pedido que ponga algo primaveral. He buscado una foto que hice hace ya un par de años, pero que me sigue gustando mucho. Así que espero que le guste a esta buena señora y le haga todo el bien que yo le deseo.
Y pensaba con nostalgia de la inocencia de aquellos años …
http://www.youtube.com/watch?v=va1TYFeMdeI
miércoles, 10 de marzo de 2010
Quiero un mundo de caramelo

Ayer por la tarde tuve algo de caramelo, contemplando en solitario cómo el sol desaparecía una vez más. Mientras, pensaba en lo cerca que estamos todos unos de otros, y también lo lejos que a veces nos empeñamos en estar de alguien.
Hazme un mundo de caramelo, donde todo sepa mejor ...
http://www.youtube.com/watch?v=ghTN81VidDo
lunes, 8 de marzo de 2010
Cogiendo la luna
La foto no es un montaje, aunque sí ha sido tratada para crear una silueta con el brazo y perfil de la mujer. Espero que os agrade la idea.
La luna trata de que la amemos sin rechistar ... (Javier Álvarez).
sábado, 6 de marzo de 2010
Pasando el día lluvioso

Esta mañana no ha habido bici; no tengo muchas ganas de salir a dar pedales con esta lluvia y esas carreteras totalmente encharcadas, que lo único que pueden conseguir es que me caiga y me recoja algún coche de conductor despistado. Eso sí, me he pegado un buen paseo en solitario, bueno, con Dana, por una playa abandonada al temporal; nadie ha podido vernos jugar con las piedras, cayéndonos agua por todos lados, del cielo y del mar. Éramos los únicos compañeros de las gaviotas posadas.
viernes, 5 de marzo de 2010
Vendrán tiempos mejores


Revisando fotos, he encontrado ésta de unas vacaciones de esquí en Andorra. Una pasada: una semana de esquí con unos colegas amantes del deporte. Algo que hay que repetir en cuanto se pueda, antes de que se pongan pesados los achaques. Desde luego que para poder hacer eso hay que contar con una mujer comprensiva y que sepa hacer agradable la vida de su pareja, como ocurre en mi caso.
De izquierda a derecha aparecen Gabriel, servidor, Luis y Wence. La foto la hizo Miguel Ángel, el organizador de este viaje para estudiantes del instituto donde estaba por aquella época. Gabriel era el otro profesor que acompañaba. Luis, Wence y yo íbamos por libre, aunque tuvimos que hacer el viaje con los chavales en el autobús; toda una aventura. Lo pasamos genial.
Ese mismo año tuve otras magníficas vacaciones en Francia. Me llamó Miguel Ángel para decirme que estaba en Tours haciendo un curso de francés, se había llevado a la familia y tenían un sitio libre en la buhardilla de la casa que habían alquilado. No lo pensé dos veces, cogí el coche con mi mujer y mi hijo; mi hija quiso quedarse con sus abuelos y, previa parada en Burgos para hacer noche, nos plantamos en tan bonita ciudad francesa de un tirón. Allí lo pasamos de miedo, no creo que se le olvide en su vida a Javi lo chulo que fue hacer una ruta en bici, con unas vistas geniales del Loira, el bajar más de diez kilómetros por un gran río en canoa, en medio de unos paisajes de ensueño, y muchas aventuras más. Fue un precioso viaje, que además no salió muy caro. En la foto estamos Maite y yo pedaleando por el carril bici que discurre siguiendo el río; el campeón iba sentado en una sillita detrás de papá.
Estoy a la espera de poder repetir algo parecido, una vez que las aguas vayan volviendo a sus cauces, y nunca mejor dicho.
Que yo no quiero problemas, que los problemas amargan ... (una rumbita para alegrar el fin de semana).
lunes, 1 de marzo de 2010
Lento

Despacito es como quiero ir viviendo ya, sin prisas; ahora no tengo que llegar a ningún lado para demostrar lo que puedo hacer, lo que soy o lo que deseo. Me importa perderme en una autopista que lleve al lugar de la nada, así que camino por una vereda pequeña, estrecha, de tierra, que me lleva a ver un horizonte de color.
Dice Julieta: Si quieres un poco de mí, me deberías esperar y caminar a paso lento, muy lento …